Palabras Introductorias:


La poesía nunca fue un concurso, sino fue el Encuentro de los hombres desde la fogatas remotas de las cavernas ante las estrellas, y ello acompañó a los hombres primitivos en sus cantos, y en nuestra América Originaria estuvo en el anfiteatro de Caral llenando sus ambientes con sus flautas de viento (desde cerca de 5.000 años), y eso lo ha dado a conocer la ciencia interdisciplinaria. Y la poesía, fue entonces, el alma de un comunidad, el ser de una identidad social, el alma expresada ante la caza, la pesca y ante el trabajo colectivo de la siembra y la cosecha, y en esa totalidad estuvieron los cuatro elementos artífices del ingenio mágico.
Y así la poesía tuvo un carácter de expresión para la Vida y la felicidad y el bienestar de los hombres y del trabajo.

Qué al poeta, entonces, lo califique al poeta, y que el pueblo goce de la creación y de su arte, pues mientras halla una mujer bella habrá poesía, y mientras halla injusticia habrá poesía, y habrá poesía ante el dolor humano y el luto de los guerreristas, y por el canto de los pueblos liberados.

La poesía es arte, pero también la hija de su tiempo, y es una cosa bella y sublime. Ella es el fruto de una época que se reproduce de forma diferente en la historia, a través, de la actividad pensante de los creadores. Sus huellas, en nuestro Continente, tienen una creación diferente, en la sucesión impresa por nuestros mismos hombres originarios, pero también frente a la subseción colonial o semicolonial impuesta por la determinancia de las clases dominantes.

Ninguna estructura de un sistema o código académico puede prescribir los resultados de una calificación global, y menos quienes asignan reglas determinantes y eurocentristas envejecidas desde decenios. Esa elección no pueden calificar a todos los Poetas de la Tierra, sino a algunos legüleyos y lobbystas y hasta los llamados „poetas puros“.

Que al poeta y su obra la califique el mismo pueblo y su razonamiento ante la historia sea la gloria de ellos mismos. Otras razones sobran, ya que el canto viene o va hacia el pueblo, de frente sin estar contenido en el arbitrio de una institución o academia.

El llamado Premio Nóbel, ahora, es un producto del diletantismo académico sueco, capaz de no premiar a las mentes lúcidas, pues sus viejos esquemas, ya no sirven en esta época, pues sus fórmulas elegidas alcanzan a conocer a todas voces representativas de la actualidad. Ellas están llenas de eurocentrismo, y de una jerarquía de reproducción exclusivista y excluyente a parámetros de una empresa de regalos.

Mejor es lo que se hace con los Eventos de los pueblos, en eventos locales y regionales, y en donde se habla de los problemas concretos y de las tareas globales de nuestro tiempo, y en donde se compite y se selecciona a los mejores en una lucha creadora y certera. Y allí, se les publica, se da paso a las inquietudes espirituales, y con ellos, trasciende los mensajes.

Es imposible, aún, con la comunicación del sistema de Internet, conocer a todos los mejores escritores, y dudo que los profesores de esta Academia Sueca, influidos por su eurocentrismo, y por los grupos de poder, hallan leído, siquiera, a un 5 por ciento del total de las mejores creaciones y de los verdaderos creadores.

Pero, en lo que es el premio, hay vanidad, una ruleta, algo turbo, y todo parece que el realismo maravilloso los acompaña, premian los sueños de Obama, y de una escritora, que nadie había leído en Alemania.



José Pablo Quevedo

Foto de su estadía en México, año 2008

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